Fui al Hogar de Cristo con un grupo de amigas, cuando llegamos no pillamos al encargado y estuvimos dando vueltas por varias partes, hasta que lo encontramos y nos dijo que simplemente habláramos con los ancianos, y eso fuimos a hacer.
Lo primero que sentí cuando llegue fue el olor, no muy agradable, pero aún así ese olor no me importó cuando vi la sonrisa de uno de los viejitos al vernos llegar.
Luego me senté junto a uno de ellos, así empezó la conversar.
Conocí varias historias, muchas de esas historias me recordaban historias que escuchaba cuando salía a repartir café en las noches, esas historias muy bellas y realidades que daban pena. Algunos no sabían cuanto tiempo estaban ahí o ya no se acordaban de su cumpleaños, otros no tenían familias, uno de ellos me contó que lo perdió todo en un incendio, su casa, su esposa e hijos, eso me impacto mucho.
Al poco rato de estar con ellos, llegó la hora de su once, y les ayudamos a los encargados a servirles su té y un pan. Y al momento de retirar las cosas, me encontré con un caballero que era ciego, me dolió verlo, ya que parecía que le hubieran quemado un ojo, cuando el sintió que me acerque a el, me dijo: “¿me puedes traer un te y otro pan? Es que yo no como mas tarde... por favor”, sin pensarlo fui de inmediato a la cocina y le pregunte a la cocinera si me podía dar otro te y otro pan, y me dijo, de una forma muy pesada: “No, un té puede ser, pero solo es un pan en la once.” Cuando fui donde el caballero a darle su té, me dijo de nuevo: “¿no tienes un pan?” le contesté que no me dieron otro pan, y ahí me di cuenta que habían otros caballeros que antes de la once salían y con la poca plata que tenían se compraban pan para que no les daría tanta hambre, y pensé: “¿como este cieguito se podría conseguir dinero?, si no puede salir, a penas camina y no dejan que salgan porque se enferman. Al rato después el se fue a su cama a dormir.
Otra persona que me impactó, fue un caballero, se llamaba “Nil” el tenia un pequeño problema a la memoria le costaba recordar, pero aun así me contó varias cosas de su vida, el problema era que me las contaba una y otra y otra ves, pero no me aburrí de escucharlo me alegraba cada ves que me contaba que era basquetbolista y cada ves que me lo repetía me lo contaba con mas emoción, y eso me alegraba, al final nos terminamos riendo.
Con el resto de gente con la que tuve la oportunidad de conversar, la mayoría me decían que estaba muy bien ahí, que no les faltaba nada, que dormían bien y cómodos; muy pocos me contaban que les aburría la rutina, ya que como ellos estaban internos por estar enfermos no les quedaba otra que quedarse ahí todo el día.
Pero con eso, con el grupo de amigas con las que fui, se nos ocurrió preguntarles que les gusta, y a todos les gustaba bailar, así que iremos uno de estos días a bailar con ellos ya sea rancheras, tango o salsa, también les llevaremos a veces kuchenes o queques, todo para cámbiales era rutina y hacer que estos días de lluvia sean días de diversión, ya que me gustó mucho verlos sonreír y quisiera que su sonrisa no se pague.
Lo que mas me gusto de todo esto, fue al final, cuando dijimos que nos íbamos nos preguntaban cuando volveríamos, y se alegraban cuando les decíamos el próximo sábado y todos los sábados de aquí en adelante, y nos decían, hasta pronto, era gratificante verlos felices, ellos se alegran cuando uno los va a visitar y cuando les conversaba. Me gustó mucho esa visita, estoy feliz de ir, y estoy segura que no me aburriría de ir de nuevo.
Lo primero que sentí cuando llegue fue el olor, no muy agradable, pero aún así ese olor no me importó cuando vi la sonrisa de uno de los viejitos al vernos llegar.
Luego me senté junto a uno de ellos, así empezó la conversar.
Conocí varias historias, muchas de esas historias me recordaban historias que escuchaba cuando salía a repartir café en las noches, esas historias muy bellas y realidades que daban pena. Algunos no sabían cuanto tiempo estaban ahí o ya no se acordaban de su cumpleaños, otros no tenían familias, uno de ellos me contó que lo perdió todo en un incendio, su casa, su esposa e hijos, eso me impacto mucho.
Al poco rato de estar con ellos, llegó la hora de su once, y les ayudamos a los encargados a servirles su té y un pan. Y al momento de retirar las cosas, me encontré con un caballero que era ciego, me dolió verlo, ya que parecía que le hubieran quemado un ojo, cuando el sintió que me acerque a el, me dijo: “¿me puedes traer un te y otro pan? Es que yo no como mas tarde... por favor”, sin pensarlo fui de inmediato a la cocina y le pregunte a la cocinera si me podía dar otro te y otro pan, y me dijo, de una forma muy pesada: “No, un té puede ser, pero solo es un pan en la once.” Cuando fui donde el caballero a darle su té, me dijo de nuevo: “¿no tienes un pan?” le contesté que no me dieron otro pan, y ahí me di cuenta que habían otros caballeros que antes de la once salían y con la poca plata que tenían se compraban pan para que no les daría tanta hambre, y pensé: “¿como este cieguito se podría conseguir dinero?, si no puede salir, a penas camina y no dejan que salgan porque se enferman. Al rato después el se fue a su cama a dormir.
Otra persona que me impactó, fue un caballero, se llamaba “Nil” el tenia un pequeño problema a la memoria le costaba recordar, pero aun así me contó varias cosas de su vida, el problema era que me las contaba una y otra y otra ves, pero no me aburrí de escucharlo me alegraba cada ves que me contaba que era basquetbolista y cada ves que me lo repetía me lo contaba con mas emoción, y eso me alegraba, al final nos terminamos riendo.
Con el resto de gente con la que tuve la oportunidad de conversar, la mayoría me decían que estaba muy bien ahí, que no les faltaba nada, que dormían bien y cómodos; muy pocos me contaban que les aburría la rutina, ya que como ellos estaban internos por estar enfermos no les quedaba otra que quedarse ahí todo el día.
Pero con eso, con el grupo de amigas con las que fui, se nos ocurrió preguntarles que les gusta, y a todos les gustaba bailar, así que iremos uno de estos días a bailar con ellos ya sea rancheras, tango o salsa, también les llevaremos a veces kuchenes o queques, todo para cámbiales era rutina y hacer que estos días de lluvia sean días de diversión, ya que me gustó mucho verlos sonreír y quisiera que su sonrisa no se pague.
Lo que mas me gusto de todo esto, fue al final, cuando dijimos que nos íbamos nos preguntaban cuando volveríamos, y se alegraban cuando les decíamos el próximo sábado y todos los sábados de aquí en adelante, y nos decían, hasta pronto, era gratificante verlos felices, ellos se alegran cuando uno los va a visitar y cuando les conversaba. Me gustó mucho esa visita, estoy feliz de ir, y estoy segura que no me aburriría de ir de nuevo.

1 comentario:
OTRA VEZ... QUE ORGULLOSA ME SIENTO DE TI HIJA...
NO SE QUE MAS DECIRTE... ERES GRANDE.... MUY GRANDE...
QUE DIOS TE BENDIGA... YA QUE A NOSOTROS YA NOS BENDIJO AL TRAERTE A NUESTRAS VIDAS
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