26 ago 2007

Impresiones de mi trabajo Social

Fui al Hogar de Cristo con un grupo de amigas, cuando llegamos no pillamos al encargado y estuvimos dando vueltas por varias partes, hasta que lo encontramos y nos dijo que simplemente habláramos con los ancianos, y eso fuimos a hacer.
Lo primero que sentí cuando llegue fue el olor, no muy agradable, pero aún así ese olor no me importó cuando vi la sonrisa de uno de los viejitos al vernos llegar.
Luego me senté junto a uno de ellos, así empezó la conversar.
Conocí varias historias, muchas de esas historias me recordaban historias que escuchaba cuando salía a repartir café en las noches, esas historias muy bellas y realidades que daban pena. Algunos no sabían cuanto tiempo estaban ahí o ya no se acordaban de su cumpleaños, otros no tenían familias, uno de ellos me contó que lo perdió todo en un incendio, su casa, su esposa e hijos, eso me impacto mucho.
Al poco rato de estar con ellos, llegó la hora de su once, y les ayudamos a los encargados a servirles su té y un pan. Y al momento de retirar las cosas, me encontré con un caballero que era ciego, me dolió verlo, ya que parecía que le hubieran quemado un ojo, cuando el sintió que me acerque a el, me dijo: “¿me puedes traer un te y otro pan? Es que yo no como mas tarde... por favor”, sin pensarlo fui de inmediato a la cocina y le pregunte a la cocinera si me podía dar otro te y otro pan, y me dijo, de una forma muy pesada: “No, un té puede ser, pero solo es un pan en la once.” Cuando fui donde el caballero a darle su té, me dijo de nuevo: “¿no tienes un pan?” le contesté que no me dieron otro pan, y ahí me di cuenta que habían otros caballeros que antes de la once salían y con la poca plata que tenían se compraban pan para que no les daría tanta hambre, y pensé: “¿como este cieguito se podría conseguir dinero?, si no puede salir, a penas camina y no dejan que salgan porque se enferman. Al rato después el se fue a su cama a dormir.
Otra persona que me impactó, fue un caballero, se llamaba “Nil” el tenia un pequeño problema a la memoria le costaba recordar, pero aun así me contó varias cosas de su vida, el problema era que me las contaba una y otra y otra ves, pero no me aburrí de escucharlo me alegraba cada ves que me contaba que era basquetbolista y cada ves que me lo repetía me lo contaba con mas emoción, y eso me alegraba, al final nos terminamos riendo.
Con el resto de gente con la que tuve la oportunidad de conversar, la mayoría me decían que estaba muy bien ahí, que no les faltaba nada, que dormían bien y cómodos; muy pocos me contaban que les aburría la rutina, ya que como ellos estaban internos por estar enfermos no les quedaba otra que quedarse ahí todo el día.
Pero con eso, con el grupo de amigas con las que fui, se nos ocurrió preguntarles que les gusta, y a todos les gustaba bailar, así que iremos uno de estos días a bailar con ellos ya sea rancheras, tango o salsa, también les llevaremos a veces kuchenes o queques, todo para cámbiales era rutina y hacer que estos días de lluvia sean días de diversión, ya que me gustó mucho verlos sonreír y quisiera que su sonrisa no se pague.
Lo que mas me gusto de todo esto, fue al final, cuando dijimos que nos íbamos nos preguntaban cuando volveríamos, y se alegraban cuando les decíamos el próximo sábado y todos los sábados de aquí en adelante, y nos decían, hasta pronto, era gratificante verlos felices, ellos se alegran cuando uno los va a visitar y cuando les conversaba. Me gustó mucho esa visita, estoy feliz de ir, y estoy segura que no me aburriría de ir de nuevo.

19 ago 2007

Mi Sensibilidad Social y yo

La acción social, el ayudar a los demás, a los mas necesitados o ayudar al prójimo, implica en algunos casos, una ¡perdida de tiempo! Pasar a veces toda la tarde con gente que no conoces, escuchar historias antiguas y aburridas, aguantar a uno o a unos niñitos de quienes no tienes control para que te obedezcan y te ensucian con la comida o con temperas o te ensucias en campamentos para tal ves arreglar sus mediaguas y te embarras completa, y llegas tarde a tu casa muerta de frío con lodo hasta el cuello y cansadísima.
Pero para mi, eso es… ¡¡GRANDIOSO!! El hacer esas cosas, ver la cara de felicidad cuando visitas hogares de ancianos o de menores, o cuando vas a reparar sus casas, esa felicidad que irradian, esas palabras de agradecimiento, o cuando te invitan a cenar a sus casas, o cuando mientras uno se esta embarrando llegan con sopaipillas para todos, todos esos gestos, esas sonrisas, esas historias y todas sus palabras, hacen que no sea una perdida de tiempo y te den alegría de seguir ayudando, y el llegar tarde a tu casa, toda mojada con frió cansada y muerta de hambre, ya ¡no importa!, si sientes el agradecimiento de mucha gente que no tiene la misma situación que uno.
Desde que era pequeña, me daba pena ver a gente que dormía en la calle, ver que pedían plata y ver que esa gente vivía… en la calle; todo eso me dolía y me daba pena. Siempre quise el poder ayudarlos, dar aunque sea un día para ayudarlos, ver una sonrisa en sus caras. Y hasta ahora… lo he logrado.
En primero medio, en el santa marta con mi curso íbamos todos los viernes en la tarde al CEREPA, y en lo personal, me llegue a enamorar de esos niños, iba con mi curso llevábamos yogurt y toallas nova, a veces salíamos a pasear y jugábamos toda la tarde desde las 3 a las 6, a las pocas semanas después cuando llegábamos ellos se ponían felices porque llegaban sus “tías”, realmente eso fue una experiencia ¡extraordinaria! Y me hizo dar cuenta que me gustaba sentir esa sensación de satisfacción por ayudar o por simplemente ver una sonrisa en sus caras.
Pero, con el cambio de colegio, se me fueron las oportunidades de ir, aun así eso no significa que no iría nunca más, iría encantada cuando sea.
Por otro lado, hace más de un año estoy en un voluntariado, Pingüinos Moviendo Osorno, y estoy muy orgullosa de estar ahí. Con ellos conocí, una realidad escondida, la otra cara de Osorno, yo sabia de la existencia de los campamentos, pero no sabia donde estaban ni como se encontraban, ni menos conocía a esa gente tan maravillosa, humilde y simpática. Gracias a este voluntariado los pude conocer, y digo con orgullo que me he embarrado por ellos, por verlos salir adelante, por ver la cara de felicidad cuando se les entrega la llave de sus casas propias. Ahora se hacer mediaguas, estuve la mayoría de mis vacaciones de invierno en los campamentos ubicados en Rahue Alto haciendo mediaguas, reparando techos y pisos para que no pasen frío. Otra cosas que he hecho y me encanta hacer, es salir en la noche a repartir café, en esas situaciones conozco el motivo de que porque no tiene un techo en donde vivir, y realmente sus historias han llegado a mi corazón y en algunas ocasiones me han hecho llorar.
Con esas salidas, los viajes a los campamentos y las distintas actividades que he hecho, me he perdido carretes, fines de semana, viajes familiares y otras cosas similares, aun así mis padres me comprenden y me apoyan, y con ese apoyo más la felicidad de esa satisfacción de recibir esas sonrisas de dicha gente, hace que todo mi esfuerzo valga la pena.
Los carretes y distintos viajes pueden esperar, pero hay personas que simplemente no tiene más tiempo… y yo, a aquellas familias las ayudo.
En mi caso, mi sensibilidad social, la llevo a la máxima expresión al momento de ayudar y servir…